Se tienen que tomar algunas precauciones. La parte más problemática será la de entrar. Si existe la opción de entrada a la casa por algún lugar que no implique forzar la cerradura (patios, ventanas abiertas...) es mejor tomarla. Es mejor alejar lo antes posible del lugar las herramientas que hayamos tenido que utilizar.
Una vez dentro, hay que asegurarse de que todos los accesos a la casa estén bloqueados. Estos son los momentos más delicados, donde corremos el peligro de ser pillados in fraganti. Llevar una pancarta que reivindique la ocupación puede servir para que no nos acusen de robo con fuerza. Si parece casi imposible entrar sin hacer ruido y alertar a l@s vecin@s puede ser buena idea intentar conseguir su apoyo.
Interesa transmitir cuanto antes idea de normalidad, de que se vive ahí. Después de cerrar bien todas las entradas posibles a la casa, es importante sacar fotos o grabar en video su estado. Luego se podrá utilizar como prueba (de cara a un desalojo preventivo) de que tu presencia en la casa no sólo no es un problema, sino que redunda en beneficio de quien resulte ser el/la propietari@ de la casa.
Si después de entrar a la casa aparece la policía, lo más habitual es que realicen un atestado policial de la ocupación. Intentarán ponerse en contacto con l@s propietari@s y les insistirán en poner una denuncia en comisaría. Si la policía pide a l@s ocupantes que se identifiquen, como moradores/as tienen derecho a no abrir la puerta ni facilitar el acceso al lugar. Nunca les abras la puerta aunque te estén amenazando. Para que la policía pueda entrar legalmente necesita una orden firmada por un juez. Es importante no identificarse dentro de la casa.
En el peor de los casos puede haber un despliegue policial, lo que indicaría: